Tahití es el corazón latiente y la puerta de entrada a la Polinesia francesa. Románticas puestas de sol, aguas turquesas sobre las barreras de coral de las islas y relax, mucho relax. Lejana e impoluta, la Polinesia Francesa es un lugar dominado por la naturaleza, que está compuesta por 35 islas y 83 atolones, agrupados en cinco archipiélagos (Islas de la Sociedad, Islas Marquesas, Islas Australes,  Islas Gambier,  y el Archipiélago Tuamotu), dispersos por cuatro millones de kilómetros cuadrados en mitad del Pacífico Sur.

Los primeros europeos en llegar a las islas fueron los exploradores españoles y portugueses en el siglo XVI. Más tarde llegaron los británicos, con el Capitán Cook y el Capitán Bligh a la cabeza, y por último llegaron los franceses, que tomaron el control de las islas a partir del siglo XVIII.

Las islas se convirtieron en protectorado francés en el año 1842 y en colonia en 1880. A principios del siglo XX se fueron uniendo otras islas de la Polinesia. Esta situación se mantuvo hasta 1957, cuando la Polinesia pasó a denominarse Territorio de Ultramar. En 1977 se realizó una revisión de la constitución, por la que se concedió a la Polinesia Francesa una mayor autonomía.

Tahití es la mayor isla de la Polinesia Francesa. Conocida como la Isla del tamuré (la danza tradicional polinesia), de las fragancias y del pescado crudo, Tahití es el corazón de la Polinesia Francesa. Tahití cuenta con unos paisajes de gran belleza, ofrece numerosas actividades y descubre al viajero unos yacimientos arqueológicos imponentes y sorprendentes. El interior de la isla, con un relieve escarpado, es un verdadero reino vegetal, con cascadas, tubos volcánicos y lugares sagrados. Tanto al amanecer como al atardecer, los rayos del sol iluminan las playas y montañas con una increíble paleta de colores, donde destacan en la lejanía los abruptos picos de los montes Orohena y Ahora’i.

Las islas de la Polinesia Francesa, parecen desde el aire joyas engarzadas en las inmensas aguas azul turquesa del océano Pacífico. Sus opalescentes lagunas, engalanadas con corales e innumerables peces de vistosos colores, dan paso a playas doradas o de color negro volcánico, donde la brisa acaricia las palmeras cargadas de cocos. Las escarpadas montañas del interior, ataviadas de verde y coronadas de nubes, hacen de cada paisaje el motivo de una postal.

No es de extrañar que escritores y artistas hayan calificado estas islas de paraíso terrenal. Una impresión similar debieron de llevarse los primeros navegantes que las vieron y poblaron hace más de mil años. Aquellos intrépidos pioneros, cuyas raíces al parecer se hallan en el sudeste asiático, se cuentan entre los antepasados de los que actualmente conocemos como polinesios. Con el transcurso de los siglos, fueron extendiendo sus dominios hasta los millares de islas y atolones más alejados del océano Pacífico.

Si deseas conocer más sobre este increíble destino, puedes visitar su web oficial en Tahití.

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Imagen © Len Theivendra

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia FrancesaImagen © Aaron

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia FrancesaImagen © Angela Coryell

Tahití y la Polinesia Francesa

Tahití y la Polinesia Francesa

Sunset, Looking from Tahiti to Moorea

Sunset, Looking from Tahiti to Moorea

Tahití y la Polinesia FrancesaImagen © Antje

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